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Vania Masías, la mujer que cambió el ballet por los chicos del semáforo
Fuente: Revista Ñ

POR MARCELA MAZZEI

Siete años atrás, Vania Masías bailaba en Londres cuando volvió a Perú a pasar unas vacaciones de dos meses, y se topó con un grupo de chicos que hacían acrobacia en el semáforo. Eran de Pachacútec, un asentamiento urbano de las afueras de Lima, pudo saber cuando se los cruzó de frente sin ventanilla del auto para levantar. “Viven sin las condiciones básicas y aun así aprendieron a hacer un giro hacia atrás: eso es coraje” –pensó, y en ese momento su propia vida dio un giro, y con ella toda una comunidad. ¿Qué pasa si a estos chicos les dan las herramientas para desarrollarse?

Así comenzó “El movimiento de la inclusión”, su charla en TEDxPuerto Madero y esa pregunta le dio impulso a su proyecto de desarrollo e integración a través del arte. La incluida Vania Masías, bailarina de ballet criada en buenos colegios, con estudios en Administración de empresas y una aversión íntima a la desigualdad, sorteó las dificultades para armar una asociación cultural dedicada a los excluidos. El andamiaje es complejo y funciona con tres ejes: el programa social Ángeles de Arena, que forma chicos de la calle en el desarrollo personal a través del breakdance; D1 Dance, una escuela de danza con aranceles para las clases acomodadas de Lima y profesores salidos del programa social; y una compañía artística que realiza espectáculos propios con mensajes sociales y también shows comerciales en Broadway, pero donde todos se mezclan.

Por el programa, que en conjunto es sustentable y promueve la autogestión de nuevos espacios, ya han pasado 13 mil participantes y ha formado 40 líderes (tienen 100 más en preparación) que dan clases a 500 chicos que participan de los talleres. Antes de subirse al avión de regreso a Lima, habló con Revista Ñ digital sobre el movimiento, la disciplina de la danza y los proyectos a futuro: el programa de televisión Guerreros de arena que desde enero cuenta su historia y la continuidad del festival internacional urbano que en junio pasado tuvo la primera edición.

-¿Cómo fue que decidiste dejar una compañía de ballet para trabajar con chicos de la calle?
-No fue de un día para el otro que ¡bum! qué pasó con esta chica. Siempre he escrito y mis diarios desde los 12 años decían cosas como "no entiendo por qué yo voy al colegio en un carro con chofer y otros chicos están trabajando en vez de estudiar”. Es algo que me ha quemado mucho desde adentro. No tenía planificado que iba a ser en ese momento: tenía 25 años, estaba en un momento muy bueno de mi carrera. En realidad pasó porque soy muy impulsiva y apasionada: cuando veo que los chicos están haciendo acrobacias, pienso “no se están quejando de que no les dan oportunidades, no tienen ni los más mínimos servicios básicos pero han aprendido algo muy difícil: están haciendo mortales por el aire”. ¿Y dónde lo aprendieron? En el arenal en un asentamiento humano que queda en las afueras de Lima, donde muchos de ellos tienen que llevar agua a sus casas en baldes. Están saliendo adelante, están aprendiendo a hacer algo, ¿qué pasa si a ese potencial le damos un poco de estructura? Esa fue mi hipótesis, fue lo único que pensé y de ahí surgió el cambio radical. Ahora, después de un mes de hacer el programa piloto, que me costó mucho implementarlo, tuve muchas dificultades como contaba en la charla, tenía que volverme a Europa y decido no hacerlo.

-¿Fue entonces que te llamaron para una audición del Cirque du Soleil?
-Claro, cuando ya estaba más implementado me cae la oferta de hacer una audición para el Soleil, y voy a hacerla pensando que nunca me iban a tomar, jamás… “y lo haré sólo para hablar en el mejor circo del mundo del aspecto social”... Más bien me tomaron, después de tres días de audiciones y yo no. Fue una decisión muy difícil, pero en realidad no me arrepiento hasta el día de hoy. Decido quedarme porque siempre he querido hacer algo por mi país. Soy una apasionada del Perú.

-¿Cómo te pusiste a mirar esta parte de Perú que podrías no haber visto?
-Toda la vida ha estado ahí y la quieres o no la quieres mirar. Mucha gente decide no mirarla y vivir en una burbuja. Y la miré no como un objeto sino que me dije: hay mucha fuerza acá. También porque tengo una familia maravillosa que me ha hecho ver el mundo tal cual es. A los diez años me mandan a Cuba a bailar, durante dos meses, en una especie de internado.

-¿Qué hay en D1 Dance, la escuela de baile urbano, de una academia de ballet?
-D1 lo hago un poco al contrario de todas las reglas que había conocido toda mi vida, con el formato de una compañía clásica, sino con esta intención de crear un espacio de integración social. La asociación se autosostiene con una escuela privada, donde la gente paga por las clases, y con espectáculos y eventos que hacemos. Entonces, yo tengo que integrar a jóvenes que viven en una zona como Pachacútec –que es una zona muy pobre–, con gente que vive en San Isidro. Tienen que bailar juntos, y si no quieren, se la bancan: si quieren estar acá porque es el sitio cool donde quieren estar todos los jóvenes, bueno, bailan ahí. Y es un espacio en donde se van conociendo, se van rompiendo esas barreras, se van entendiendo y se terminan adorando. Es increíble y es un ejemplo de lo que tiene que suceder con nuestra sociedad. No pasa nada, es más, nos hacemos más fuertes y nos unimos más como comunidad. Me gusta pensar que D1 piensa mucho en las personas antes que otra cosa. En el programa social no buscamos hacer grandes bailarines, es una consecuencia; buscamos que cada chico que pase por ahí sienta que puede aceptarse a sí mismo, y ser una mejor persona que pueda luego entregar a otro. Y hacer un efecto expansivo, en cadena.

-¿Cuál es el rol tiene el movimiento en la formación personal?
-Muy pocas personas lo saben, pero el movimiento etimológicamente está emparentado con la emoción. Me refiero a que emoción y movimiento tienen la misma raíz, y muchas veces son sinónimos. Imagínate, movimiento es emoción. Yo soy una adicta al movimiento, necesito moverme para estar bien, para estar en salud conmigo misma. A mí el movimiento, mi danza, me ayudó a encontrarme, a encontrar más control, a aceptarme también…Y me dio mucha disciplina. Porque si tu quieres lograr algo, necesitas ser constante y trabajar muy duro para lograrlo. A trabajar duro me enseñaron en la danza. Todo ese aprendizaje sería interesante volcarlo hacia los jóvenes, hacia personas que no se encuentran, que no ven un camino.

-La danza tiene también un perfil más superficial y comercial, con valores de competencia descarnada por la fama, ¿cómo abordan este aspecto?
-Es verdad que van a la escuela quienes quieren bajar de peso también. En el programa social eso no va a funcionar, pero en la escuela privada, que es una academia abierta, cada quien tiene su propia motivación. Mi esperanza es que cuando llegan a D1 puedan ver otras cosas, puedan abrirse un poco más, pero si lo hacen para bajar de peso, para un simple bienestar personal, todo bien mientras sigan los valores. Ahora, cuando vienen personas que me dicen cosas como "no quiero que mi hija tome clases con este niño porque es de otra condición social", ahí sí que estamos hablando. "Muchísimas gracias señora, hay otros lugares donde su hija puede bailar" y todos felices. Hay ciertas cosas que sí y otras que no. Es verdad, sí se ha vuelto muy comercial el tema de la danza, es parte de todo: usémoslo a nuestro favor. Cuando los chicos vienen y me cuentan: "ahora me quieren contratar de la televisión", les digo úsalo, si eso te va a generar algo mejor, piénsalo bien y toma esa opción. Pero si cada uno está bien y seguro de quién es, creo que esas cosas no deberían desviarlos mucho.

-¿Qué se les enseña a los chicos?
-Mira, los talleres de desarrollo humano parten de uno mismo. Parte, primero, de quién eres tú y cómo te das valor, qué don tienes y cómo crees que eres visto, qué es lo que perciben de vos y qué percepción tienes tú. Luego cada uno con su entorno directo, esta es la relación, entonces, vamos trabajando a través de distintas dinámicas lo que sucede en ellos, y así van entrando los valores, esos valores entre los que hay mucho respeto por uno mismo.

-Mostrabas varios casos personales, ¿cuál es la historia de cambio que más te sorprendió?
-Miles. Siempre cuento la de Luis Carrera, que acá en la Argentina lo conocen porque es muy bueno. El llegó a los 13 años y nos decían que no podíamos confiar en él, que era lento, por un tema del grupo con el que llegó. Eran diez chicos que tenían altos niveles de desnutrición. Hoy tiene 19 años, es el coordinador general del espacio La victoria, en una de las zonas más peligrosas de Lima, es líder de más de cien chicos, ha sido campeón nacional de breakdance y bi campeón sudamericano. ¡Qué te puedo decir! Hablas con él y te caes, de la cantidad de valores y lo íntegro que es.   

-¿Por qué además de la parte de talleres decidieron salir a hacer espectáculos?
-Hacíamos eventos esporádicos y necesitábamos generar una continuidad, porque te haces conocido a través de espectáculos. Tenía que ser a través de la escuela, que era muy pequeña… Pero como esos chicos se hicieron muy buenos bailarines, tanto en la escuela como en Ángeles de Arena (el programa social), los uníamos y hacíamos un espectáculo. Como para mí no tiene sentido hacer espectáculos que no tienen algo que decir a la comunidad, armé el primero que se llamó Mezcla, un musical peruano que fue un éxito. Luego llegó Más mezclados, y el año pasado hice Tu Lima, que era un poco de "no se olviden de todo lo que hemos vivido".

-¿Un musical histórico?
-Hay jóvenes de 18 años que como no lo han vivido se olvidan de Sendero Luminoso, de todo el tema terrorismo, de la fuerza que han tenido sus padres para migrar... y quise honrar toda esa historia.

-¿Y qué pasó en los últimos años en la sociedad peruana y Sendero Luminoso?
-En realidad, ahora mismo estamos con mucho miedo, porque apareció un partido que se llama Movadef, que es un partido senderista, terrorista, y es increíble pero agarran a los chicos que no han vivido lo que nosotros. Hay que hacer una contracorriente contra ese tipo de iniciativas. De hecho, si vas a Lima vas a sentir que la gente está muy positiva. Hay mucha inversión, crecimiento, se ven construcciones, gente que ahora dice "yo amo al Perú" cuando antes negaba ser peruano. Hay un tema de identidad muy fuerte y la gente ya no quiere escuchar un rap, quiere escuchar un rap con huayno, música afro-peruana mezclara con beats. Está habiendo un movimiento muy fuerte de amor por lo nuestro, desde la gastronomía hacia otras cosas, y eso es muy importante y se siente.

-¿No es suficiente?
-Es que ahora no podemos perder la mirada a grupos como éste que te digo, que están ahí, son el peligro latente, porque todavía hay un problema social, todavía ese crecimiento económico no ha sido de igual manera educacional. El sistema de salud y el educativo y la dimensión cultural están creciendo pero hay un desequilibrio. 
 

-Y allí es donde está el peligro, de que puedan cooptar a los más jóvenes…
-Sí, por supuesto. Y por el narcoterrorismo, porque ahora son financiados por narcos. No soy experta, pero es lo que leo y me aterra. Y es algo que no quisiera que volvamos a vivir. La verdad es que viví de muy cerca el terrorismo y no quiero volver a pasarlo.

-¿Afectó directamente a tu familia?
-Hemos vivido en el campo y me han explotado bombas al lado. Igual que a muchos en Lima y otros lugares. Nadie se imagina lo que fue: una guerra civil todo el tiempo. Mis padres han vivido en el campo y él vivía armado, vivíamos el terror y hoy eso bajó, pero ahora veo otra vez este tipo de grupos y eso no puede suceder.

Publicado el 28 de diciembre del 2012
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