Lopérfido renunció al Ministerio de Cultura empujado por el repudio del sector

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Darío Lopérfido hizo todos los méritos para ganarse el repudio de la mayoría del sector al cual debía promover. Provocaciones, soberbia y ausencia de gestión sellaron su tortuoso camino hacia la puerta de salida.

Por Federico Borobio

Un breve e incompleto repaso de los hitos más provocadores en su tortuoso camino a la puerta de salida: minimizó el genocidio cometido por la dictadura militar generando el rechazo unánime de los organismos de derechos humanos, acusó de graves delitos a artistas por su manera de pensar, revoleando nombres de manera irresponsable (mas aún considerando su cargo), reclamó a la gente de la cultura que “hablen de arte, de obras de teatro, hablen de cine, hablen de cultura, dejen de hablar de política, la política es algo muy complicado” y, en relación a aquellos que criticaban su gestión señaló que muchos de ellos “están trabajando en salas públicas”, como si eso fuera un meritorio acto de benevolencia de su parte. De hecho, mostró que ese era exactamente su pensamiento, al poner como ejemplo que “Rita Cortese está trabajando en una sala pública y yo la podría haber quitado”.

Derecho y humano

Recordemos que, en una situación sumamente irregular, en simultáneo con su designación como Ministro de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Lopérfido continuó ejerciendo el cargo de Director Artístico del Teatro Colón, donde había generado fuertes críticas por alquilarlo para eventos empresariales. Hay que señalar que en este último medio se lo percibía desenvolviéndose con mucha mayor comodidad. Y con más frecuencia, ya que según lo que pudimos averiguar extraoficialmente en el Ministerio, prácticamente no dio señales de vida por su despacho en seis meses de gestión.

Sus declaraciones poniendo en cuestión la cifra de desaparecidos durante la dictadura militar, a las que además calificó como “una mentira que se construyó en una mesa para obtener subsidios”, pusieron en alerta al sector cultural, a las organizaciones de DDHH y a buena parte de la población. No toda, ya que los sectores negacionistas se alinearon rápidamente tras sus dichos. Casi de inmediato sobrevinieron las movidas en redes sociales (el grupo “Lopérfido Renuncia Ya” suma más de 18 mil seguidores), juntadas de formas pidiendo su renuncia, y escraches que desde entonces lo acompañaron en cada una de sus apariciones públicas. Ocurrió en el Bafici, en el Colón, en la Feria del Libro, en ArteBA, en la Usina del Arte. En esas ocasiones, la respuesta del funcionario a sus críticos fue desde “fascistas” a “stalinistas”.

En ese proceso se constituyó una “Mesa de Acción de Cultura y Derechos Humanos” con el objetivo de coordinar acciones para lograr la renuncia de Lopérfido. La iniciativa incluyó a referentes del arte, la cultura y la política, y organismos como Asociación Argentina de Actores, Abuelas de Plaza de Mayo, Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, Asociación de Familiares y Amigos de los 12 de Santa Cruz, APDH, Asociación Buena Memoria, LADH, y SERPAJ, entre otros.

Lopérfido recargado

A su postura frente a un tema tan sensible como los crímenes de lesa humanidad, las denuncias sobre irregularidades en las nuevamente postergadas obras del Teatro San Martín (“se pusieron cuatro andamios para la gilada”), las clausuras de espacios culturales que no se detienen y la inacción frente a los efectos de los tarifazos que dieron lugar a una jornada de “apagón cultural”, la decisión inédita de desestimar  subsidios a proyectos para el  Fondo Metropolitano de las Artes por “no haber sido evaluados en tiempo y forma debido al cambio de autoridades”,  y la ausencia de gestión en general, Lopérfido sumó hace días una nueva provocación. Denunció “el mayor fraude de la historia audiovisual argentina” e involucró a una serie de actores que calificó de “fanáticos kirchneristas”.

De inmediato la Asociación Argentina de Actores difundió un comunicado donde rechaza la actitud de “estigmatizar a compañeros por sus  convicciones políticas” y le reclama que “haga las denuncias que tenga que hacer, jamás nos opondríamos al esclarecimiento de un delito si lo hubo, pero no esconda su falta de respeto y de responsabilidad institucional”. El comunicado finaliza pidiendo la renuncia de Lopérfido. La Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes también realizó una declaración pública sobre las expresiones del funcionario. “Queremos poner blanco sobre negro: no es lo mismo una política de Estado, un actor que trabaja, un compromiso político,  la ideología individual o el velo de la corrupción”, dice su comunicado, y agrega que “lo grave y estigmatizante es pensar que alguien que sigue una línea política o tiene una ideología determinada sea catalogado de corrupto, espurio e indeseado. Eso es lisa y llanamente una persecución a las ideas, y este es el punto más enfático de nuestro repudio”. La temperatura seguía subiendo, y el ministro no podía resistirse a la tentación de continuar alimentando las brasas.

La revista digital Notas publicó recientemente una entrevista a Mauricio Kartún, donde el dramaturgo fue muy concreto: “Yo diría que el 80 por ciento de los agentes culturales de Buenos Aires tiene las relaciones cortadas con Darío”. “Cuando se piensa en un gestor, en alguien que hace gestión, siempre se piensa en alguien preparado para hacerlo y, segundo, que puede tener relaciones con todos aquellos que tienen que poner cuerpo y cabeza en procesos de creación. Figuras como la de Lopérfido crean casi la imposibilidad de la gestión”.

La última escena pública fue en la la inauguración de una sala itinerante del Teatro San Martín en Parque Centenario, donde tuvo a su lado al jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta, quién debió soportar con cara de poker el abucheo y los carteles contra el Ministro de Cultura desfilando frente a su palco. ¿Ese día habrá sellado su suerte definitivamente?

Hoy se confirmó una renuncia anunciada, aunque de todos modos es posible que el ahora ex Ministro de Cultura esté pensando “siempre tendremos el Colón”. Sigue siendo el Director Artístico.

Fuente: Recursos Culturales

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