Teatro

El director teatral Agustín Alezzo alertó hoy sobre el deterioro de la política cultural porteña y advirtió, en el marco de una jornada de movilización y protesta convocada por la Asociación Argentina de Actores, que el Teatro General San Martín se ha convertido en un espacio «vergonzoso de reuniones y fiestas privadas».

El Circuito Cultural Barracas tiene más de quince años y forma parte, junto al legendario Grupo Catalinas Sur y a otras iniciativas similares, de un fenómeno que, pese a las dificultades, sigue creciendo y convocando a centenares de vecinos que encuentran en el teatro y la música un lenguaje común.

Ante una temporada teatral menos exitosa de lo esperado en Mar del Plata, el Instituto de Cultura ofreció la posibilidad de poner en marcha un plan de subsidios financiado por el Estado provincial. El empresario privado Carlos Rottemberg fue el primero en rechazar la propuesta: “Aplaudo desde siempre que se fomente y proteja a tantos grupos teatrales que integran el circuito independiente y centros culturales que necesitan de apoyo estatal para su subsistencia, pero entiendo que no cabe extender dicha medida al circuito comercial que integro. «

Lo novedoso de este movimiento es que no sólo la dramaturgia surge de lo que los integrantes quieran contar: la propia idiosincrasia del teatro comunitario hace que los vecinos y vecinas se involucren en la construcción de la escenografía, el vestuario y la música. Pero más allá de lo artístico, la posibilidad de contar sus propias historias pone de relieve las situaciones sociopolíticas de los barrios y las ciudades.

Javier Ibacache, actual director de programación y audiencias, es uno de los responsables de que Buenos Aires tenga una activa presencia en los escenarios del Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM). «Chile históricamente ha admirado el teatro porteño mirándolo siempre muy de cerca. Y el público chileno es muy fiel al teatro porteño. Pensar en el impacto que Claudio Tolcachir ha tenido aquí es prueba de ello. Pero la cosa no se detiene en él.

Con su habitual efervescencia y olor a nuevo, la escena teatral independiente, o el llamado teatro off , multiplica sus propuestas, ofrece estéticas alternativas y desafía todas las convenciones. Pero, ¿cómo hacen estos colectivos de artistas que no cuentan con grandes estructuras de producción para llevar a cabo sus proyectos y difundirlos? En definitiva, ¿cómo logran transformar la falta de recursos materiales en un nuevo modelo de producción?

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