Museos: el visitante tiene la palabra

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La creciente y masiva afluencia de público que ha virado hacia los museos en los últimos años -lejos de aquella imagen de la cajita de cristal que le imprimió el ostracismo del siglo pasado- sigue siendo tema de análisis, como lo demuestra el libro “El museo y sus públicos”, un trabajo de campo realizado por investigadores franceses en el que “el visitante tiene la palabra”.

Se trata de un volumen de largo aliento, compilado por Jaqueline Eidelman, Bernardette Goldstein y Melanie Roustan, editado aquí por Ariel y la Fundación Typa, que reúne una apabullante cantidad de gráficos, encuestas, sondeos, y comparaciones que intentan acercar y poner en primer plano al visitante de los museos franceses.

Aunque la acción transcurra tan lejos de aquí (los sondeos van del Museo Nacional del Castillo de Pau a las Galerías Nacional del Grand Palais de París) el libro editado en Argentina con prólogo de Américo Castilla, especialista en museos locales, resulta una buena excusa para pensar o imaginar similitudes y diferencias con el contexto argentino.

Por ejemplo, uno de los capítulos dedicado a la concurrencia a museos de arte moderno y contemporáneo sugiere que la mayoría de los asistentes son “jóvenes adultos, principalmente mujeres, con estudios, de un alto nivel socioeconómico, suele ir solo o con amigos, y que además tiene un interés marcado por la cultura”.

Durante mucho tiempo el “cuenta ganado” fue el único dispositivo de medición del éxito o fracaso de una institución abierta al público, “como vacas que entran al frigorífico”, señala Castilla en el prólogo del libro.

Lejos de este concepto arcaico, “El museo y sus visitantes” pone de manifiesto el cambio cualitativo experimentado en la evaluación de los visitantes y se preocupa por sus conductas, filiaciones, hábitos, géneros y edades, en función de exposiciones con metas muy precisas de comunicación y recepción.

“El museo debe plantearse hoy cómo responder a la demanda de los visitantes, cómo mejorar y cambiar sus estrategias. Este libro apunta justamente a la reacción del público frente a la programación de los museos. Sucede que cuando los directores de las instituciones se debaten entre la urgencia y la necesidad, muchas veces gana la primera”, señala a Télam, Castilla, quien actualmente preside la Fundación Typa. Establecer la curva de concurrencia, conocer, comprender a los visitantes y satisfacerlos son tres cuestiones que hablan de los distintos sistemas de acciones que, en conjunto, determinan la política del museo contemporáneo frente al público.

“En casi todos los museos del mundo, sobre todo en el hemisferio norte, hay dispositivos de interactividad, para que el público participe, no sólo intelectualmente sino también físicamente. No apelar sólo al conocimiento sino también al compromiso del cuerpo en lo que están haciendo. Incluso, en Francia, hay museos que tienen una comisión de visitantes que se va renovando y participa en las reuniones curatoriales”, detalla.

El gran acierto de los museos para ganar visitantes y no ser desplazado de las preferencias del público fue adoptar las megaexposiciones temporarias o blockbuster -productos lujosos, de montajes y publicaciones espectaculares- para competir “de igual a igual” con el cine, la televisión o los parques de diversiones, al menos en lo que al uso de tiempo libre se refiere.

“Los nuevos hábitos de culto a la celebridad encontraron en el museo un socio inesperadamente propicio”, destaca Castilla, ex director del Museo Nacional de Bellas Artes, en referencia a estas mega muestras organizadas con espectacularidad y con técnicas del marketing y el branding.

“Ahora el espectáculo es lo dominante -dice Castilla- y requiere puntos de sorpresa y de asombro que muchas veces es simplemente subir el volumen”.

“Andy Warhol es el ejemplo de un artista interesante que tiene el contacto con los medios masivos o las tumbas de Tutankamón en una exposición, muestras que pusieron al museo nuevamente en juego cuando parecía que iban a desparecer”, agrega.

El turismo cultural es otro de los aspectos mencionados en el libro -al que se le dedica un capítulo completo- ya que plantea el desafío de enfrentar públicos diversos. Al respecto, Castilla menciona los resultados de una encuesta que ordenó realizar en el año 2006 en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) para conocer un poco más sobre su público.

“Casi la mitad de la gente que va al MNBA son turistas. Además, el 50 por ciento de los casos tiene estudios terciarios completos. Y los museos más visitados por el turismo en Buenos Aires son el Bellas Artes y el Malba”, detalla Castilla sobre aquel estudio que  solicitó durante su gestión al frente del museo nacional.

Fuente: Telam
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