Debate: ¿El mundo de los discos vs. El mundo de la música?
0“Me sigo sorprendiendo con Internet, uno hace cosas en la soledad de su computadora que después arman un revuelo, y llegamos a momentos como este”. Así comenzó Ricardo Salton (periodista musical) el debate sobre los límites del mercado, los filtros y el crecimiento de la producción musical que convocó a músicos, periodistas, sellos y agentes de prensa en el Centro Cultural de la Cooperación, por una iniciativa de Germán Andrés (Club del Disco).
El día que Ricardo decidió hacer pública su opinión sobre la cantidad de material discográfico que se está editando actualmente, no eran todavía las nueve de la mañana y ya habían llegado a su escritorio nueve discos buscando suerte. Sin sospechar el “revuelo” que armarían sus palabras, se preguntó: “¿Sabrán los músicos que pasa esto? ¿Sabrán que los periodistas recibimos una cantidad enorme de discos que la mayoría somos incapaces de escucharlos siquiera, que van a para a una caja, se apilan, se llenan de tierra y que nunca van a ser escuchados? Sin embargo, la frase crítica, la que generó un aluvión de opiniones (y posteriormente éste debate)fue: “a lo mejor hay que pensar un poco antes de grabar”, mucha gente lo acusó de prohibir la grabación y hasta cuestionaron si estaba en contra de la música. Pero según Ricardo “si el mensajero molesta, molesta el mensajero y el mensaje sigue estando, aunque yo no lo diga, yo sigo recibiendo unos 40 discos semanales”.
Esta es una realidad que músicos, periodistas, agentes de prensa y productores no pueden negar, los discos siguen creciendo y el mercado lentamente va mostrando sus límites. Actualmente tanto el público como la industria musical son muy diferentes a los de hace 40 años. Teresa Parodi, con 29 discos sobre la marcha, comenta que antes uno grababa porque lo elegían, “venían a buscarte, te proponían un contrato leonino cuando no eras nadie, había una selección relativa”. Para Ricardo Salton el conflicto se genera porque las expectativas siguen siendo las mismas que las que podría tener un tipo que grababa un disco en la década del setenta. Según Amelia Álvarez (prensa) antes, para grabar, primero tenías que demostrar el talento en vivo, había alguien que buscaba gente y hoy tenemos discos antes que artistas. Que un músico tenga un disco no quiere decir que después lo pueda defender en vivo. Y es importante tener en cuenta que tampoco hay consumidores como había antes, no hay gente que compre un disco físico, no hay mercado para eso y también se recortó el espacio que tienen los medios para dedicarlo.
Hoy existen facilidades “sobre todo por la tecnología y por los medios que te hacen ser mucho más de lo que uno cree, entonces un músico cree que puede hacer un disco sólo porque tiene tecnología o contactos” opina Cheche (Café Vinilo). Aunque esto también implica un gran riesgo, porque comienza a fomentarse un tráfico de contactos, “el contacto se transforma en un valor de cambio”, agrega Leo Pagano (músico independiente) y es una realidad intrínseca al mundo de la música. El problema es que los músicos son formados solamente para componer y se da por obvia ésta situación, que paradójicamente es vital para un artista que proyecta ingresar (y ni hablar de triunfar) en el mercado. Leandro Frías habla del “músico-productor”, una figura que además de producir contenidos artísticos, debe tener conocimientos sobre derecho, marketing y lógica del mercado para poder sobrevivir. No podemos negar que los cambios son muy fuertes y no son sólo son tecnológicos, sino que son sociales, de apreciación, de gustos, de costumbres y de formas. Según Javier Tenenbaum (Los Años Luz) debemos ser conscientes de que hoy existen unas herramientas maravillosas, como no existieron jamás pero son simplemente herramientas que solas no funcionan.
Entre palabras yendo y viniendo, uno de los puntos recurrentes fue la voluntad de encontrar un camino alternativo para poder hacer frente a la situación actual. La agrupación de músicos parece ser una característica de los últimos años, indiscutiblemente estamos atravesando un momento en el que se están creando redes. Según Carlos Sidoni (prensa) “una forma de romper la estructura rancia del estado, de las burocracias es sentándose juntos”. Uno de los ejemplos más claros es TangoContempo, Esteban Falabella (músico) es uno de sus creadores y sostiene que las bandas se unieron para sobrevivir en el mercado, “un grupo solo jamás hubiese llegado a eso”. Ricardo Cabral (prensa) señala que vivimos una temporada de transición, sin dudas nos estamos alejando espasmódicamente del glorioso modelo de los años setenta y es difícil no admirarlo con cierta melancolía.
Actualmente se está produciendo más música que nunca, según Teresa Parodi “en la época que menos discos se venden, paradójicamente es cuando más se graban”. Mientras tanto en las estanterías de las disquerías crece nuevo- viejo material, “los compositores salen de abajo de las baldosas, pero pareciera que fuera para propio consumo, pareciera que no llegara a la gran masa del pueblo” sostiene Diego Lenger (Club del Disco). “Estamos en un momento musical que es increíble, hay músicos increíbles, pero que seas increíble no quiere decir que grabes un disco, que te salga una crítica en el mejor diario, que salga la mejor tapa, que llenes con cantidad de gente” agrega Cheche (Café Vinilo).
En este contexto de transformación, el debate funcionó como un corte transversal, estamos en un momento de transición, de cambios y de nuevas perspectivas. Juliana Fortunato (prensa) sostiene que es un momento para patear el tablero de una vez y reformular todo a nivel discográfico, una industria que está literalmente muerta por el disco como disco. Desde este lugar de mutación es desde donde se prolonga el debate a un espacio de pensamiento y reflexión acerca de la música industrial vs. música no monetizada; de cómo aprovechar las nuevas herramientas tecnológicas, como así también tener conciencia de sus riesgos y beneficios; replantearnos la idea de redes; descifrar cómo sentar las bases para generar un cambio, pero siempre tenemos que tener en claro que “los encargados de romper con esa lógica somos los comunicadores, los artistas y los productores culturales” concluye Carlos Sidoni.
