Los abuelos felices del cine ‘low cost ‘

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Hace un año le tocó la lotería a un tipo llamado Jesús. No es una metáfora, aunque el premio ascendió a poco más de 6.000 euros. Aquel tipo era director de cine, y con 82 años estaba en Málaga terminando de grabar una peli. Cuando se enteró de la noticia voló en su silla de ruedas hasta el banco para pedir que le canjearan el premio y así poder aprovechar una semana más en Málaga. No quería disfrutar del sol ni bañarse, quería una semana más para poder rodar otra peli, o tal vez dos. O tal vez tres.

Por David Navarro *

Una peli se hace haciéndola, tío Jess dixit…

Vamos a hacer una peli, esa frase nos suena tan endiabladamente bien como al ludópata el sonido de las máquinas tragaperras. No se debe frivolizar con las adicciones, pero si una obsesión es capaz de arruinarte, para muchos hacer cine sin duda lo es. En el banco le dijeron a Jesús Franco que el proceso de canje de lotería tardaba unos 15 días. Eso le desanimó un poco, pero consiguió que le adelantaran un dinero y se puso manos a la obra.

Jess tenía guiones hasta dentro de los zapatos, perfectos para cualquier ocasión, más complejos, más baratos (todos eran baratos), más reutilizables… Seleccionó uno de ellos, sin un título determinado y junto al actor Antonio Mayans le bautizaron sobre la marcha como Culitos in the night (evocando la melodía de Sinatra ) y así se pasaron toda la pre-producción: canturreándola, como el chiste pegadizo de dos paletas orquestando una obra entrañable. Hacer la pre-producción de un proyecto así, cuando tienes las venas saturadas de hacer una peli, no es más que hacer unas llamaditas y pasarlo bien… Y así iniciaron el rodaje, hasta que una actriz preguntó por el título de la peli, alarmada por lo que estaba escuchando ¿Culitos in the night? Ella se negó en redondo a participar en algo titulado así, no quería saber más. Jess lo tuvo muy en cuenta, eligió otro guión distinto y comenzó el rodaje de Al Pereira vs. The Alligator Ladies (2012), que a fin de cuentas era idéntico al guión de Culitos in the night pero con otro título. Y a tirar millas, a rodar, a pasarlo bien, y a sacar el proyecto adelante. Probablemente aunque no le hubiera tocado la lotería también hubiera rodado la peli, pero fue así como hizo la última película de su vida, la número 199.

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Jess Franco en una entrevista en 2004 (Foto: Gorka Lejarcegi)

De quien escuché esta anécdota, Antonio Mayans , también comentó que cuando Jess se saltaba el eje no era porque no supiera donde estaba, o porque estuviera transgrediendo las leyes de la cinematografía, sino porque sin avisar a nadie había decidido reutilizar esta toma para otra película completamente diferente y en ese nuevo esquema, el eje estaba allí. Así Jess Franco llegó a rodar tantas películas que si le decías que sólo habías visto 10 ó 20 títulos suyos, te tachaba de ignorante. Las hacía a pares, o a tríos, reutilizaba, reescribía, convencía, embaucaba. No mentía, pero a veces no decía toda la verdad. Sin duda la nueva generación de cineastas independientes nos hemos aburguesado un poco (en ocasiones parecemos falsos Peter Pans con aspecto redneck y rociados de eau de Trendy, pero no somos mala gente), tenemos demasiados referentes audiovisuales explotando en nuestra retina, y demasiadas expectativas que defender o sobre las que ironizar en Twitter, pero seguimos sin un chavo en el bolsillo y tal vez muramos sin haberlo visto.

Hace poco, en una terapia de grupo para cineastas independientes , escuché de boca de una de esas personas que guardan las llaves de nuestros sueños, María Rubin (reponsable de compras de cine español de Canal+), que quienes ahora cogemos una 7D y nos lanzamos a grabar pelis independientes aún somos jóvenes. Nuestro pasado (de tenerlo) se remonta como mucho a uno o dos proyectos, pero que como toda vocación artística ésta es una carrera de fondo, y si de verdad va en serio cuando seamos ancianos seguiremos persiguiendo este sueño. Así que conviene medir muy bien las fuerzas y entender que el mercado puede no compensárnoslo jamás. Creo que todos nosotros anhelamos que antes de llegar a ancianos algo pasará en nuestra vida que nos vitaminará la pensión. Pero si pensamos en ello fríamente probablemente esas vitaminas no lleguen nunca y, si de verdad estamos metidos en esta adicción, en el mejor de los casos seremos un reflejo de lo que fue Jess Franco, y podremos permitirnos el lujazo de morir rodando y con un buen puñado de pelis a nuestras espaldas.

El último proyecto de Patino ha sido Libre te quiero (2012), una documental sobre el 15M que en opinión de muchos ha sido injustamente menospreciado por los festivales nacionales. Varias veces he escuchado hablar a Basilio Martín Patino (como Jess, también nacido en 1930), sobre sus rodajes de los años 70 y 80, y siempre hay una frase que se repite en su parlamento: lo pasábamos bien. Pronuncia esas tres palabras con un brillo lúcido en unos ojos azules que muestran cuán feliz fue. Pero feliz de verdad. Escuchar a Martín Patino decir esta sencilla frase clarifica su locura, que también es la nuestra, y la pone a la altura de todos los placeres primitivos e irrenunciables, como saborear buena comida, respirar a pleno pulmón o hacer el amor. Con cariño, para mí estos son nuestros abuelos, de los que hemos heredado el negocio y la armadura. Y, aunque felices, les considero heridos, pues aunque algunos han conseguido sobresalir a la masa industrial (probablemente sin intención), no han logrado deshacerse de la bandera de autores malditos, cutres, bizarros, improvisados o frikis. Y sin embargo en nuestra nueva generación de autores no creo que vayamos muy desencaminados a repetir ese destino. Franco y Patino fueron algunos de los triunfadores, pero por el camino habrán quedado otros tantos anónimos, con peor dote.

Juan Carlos Olaria (1942) tardó tres años en rodar su primera película, El hombre perseguido por un O.V.N.I (1976). Y pese a que su esfuerzo fue titánico, su película pasó completamente desapercibida en todo el planeta tierra. No consiguió ningún tipo de distribución, lo que no es de extrañar. ¿Ciencia ficción, serie B, mezclada con cómics eróticos, los Invasores, estilo Arrabal, en la España de los 70? Hoy Olaria, que para muchos es conocido como el Ed Wood español, está planteando la continuación de aquella primera película, que se titulará El hijo del hombre perseguido por un O.V.N.I.. Atraídos por esta vivencia, los realizadores Manuel Bocero y Néstor F. tratan de embarcarse en una metalocura (o locura al cuadrado) de hacer un documental sobre cómo Olaria rueda esta nueva peli, décadas después de sus últimos proyectos. Ver los primeros makings emociona de veras. En palabras de Manuel y Néstor: “Nuestro documental trata de la necesidad de Olaria de hacer cine por encima de todo. De hacerlo sin ningún tipo de vergüenza ni de necesidad de sentirla. De hacerlo a pesar de la opinión ajena, de las vicisitudes e impedimentos que surjan a lo largo de la realización de sus ideas.” Probablemente en algo estarán de acuerdo el frutero de mi esquina, mi madre y Mario Draghi: si vieran lo que hace Olaria le tacharían de loco iluso (sin entrañabilidades ni paliativos). Pero para mi Olaria es un Quijote, y espero que sea muy feliz.

*David Navarro es realizador, guionista y productor hiperactivo. No se ha planteado pedir una subvención ni esperar el visto bueno de una televisión. Compagina los rodajes con la docencia y cosas peores. Desarrolló las series independientes “Oído Caníbal” y “Nada que celebrar”, ambas emitidas en CANAL+.

Fuente: El País

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