Migré, una nueva sociedad de autores: “buscamos un marco jurídico”
0“Alberto Migré se resistía a ceder sus derechos a perpetuidad”, señala Marcelo Camaño, como forma de ejemplificar una de las discusiones que la flamante asociación quiere llevar a la mesa de los productores. Desde los ’90, los guionistas perdieron cada vez más terreno.
Por Emanuel Respighi
La televisión es mucho más que lo que ocurre dentro de sus pantallas. Detrás de las ficciones, los ciclos de entretenimientos e, incluso, de ciertos programas periodísticos, hay un mundo de profesionales que no tienen visibilidad pero que son sumamente necesarios para lo que los televidentes terminan viendo. Los guionistas de televisión son una rama –de tantas– de esos trabajadores fuera de cámara. Dispuestos a escribir situaciones e ideas que luego recrean y completan actores, conductores y/o periodistas, los autores de TV cumplen un rol importante dentro del medio. Un papel que, sin embargo, no sólo no acompañó el desarrollo de la industria argentina, sino que –incluso– cedió terrenos en comparación con otros profesionales. Ese proceso derivó en la creación de Migré, una nueva asociación que nuclea exclusivamente a las autores argentinos de TV.
Como DOAT (Directores de Obras Audiovisuales de la Televisión) y como la Sagai (Sociedad Argentina de Gestión de Actores e Intérpretes), Migré surgió como la necesidad de los autores de defender sus derechos como autores de la obra audiovisual, a la vez que mejorar sus condiciones laborales. Bajo el lema de “sin autor no hay ficción”, la mayoría de los guionistas de TV se juntaron para la conformación de Migré: desde Marta Betoldi (Socias) hasta Ernesto Korovsky (Graduados), pasando por Adriana Lorenzón (Los Roldán), Mario Segade (Farsantes), Marcela Guerty (El hombre de tu vida), Guillermo Salmerón (Caín & Abel), Gabriel Nesci (Todos contra Juan, entre tantos otros que con las historias que escriben invitan a los televidentes a ser parte de todo tipo de mundos.
“En una sociedad que a partir del 2003 avanzó en derechos, en convenios laborales, nosotros retrocedimos gravemente”, dispara en la charla con Página/12 Marcelo Camaño, autor de Vidas robadas y presidente de la flamante entidad. “El sistema de producción necesita de un marco jurídico que debiera estar garantizado porque la falta del mismo provoca que nuestra identidad esté constantemente atacada. Decidimos asociarnos para hablar de identidad, de derechos, de fuentes de trabajo y, sobre todo, de la gestión colectiva de nuestros derechos. No puede ser que sigamos firmando contratos donde debemos ceder a perpetuidad nuestros derechos y no volvemos a tener acceso a ese material, la obra no vuelve a nosotros. Esto es ilegal. En ningún contrato puede aceptarse que la licencia de uso sea para siempre. Es un atropello que se empezó a dar a mediados de los ’90, que se fue exagerando y que hoy es un disparate jurídico.”
–Un disparate con el que buscan terminar, a partir de la constitución de una sociedad que lleva el nombre del recordado Alberto Migré.
–Para nuestra generación es el último de los mohicanos. Tal vez los más jóvenes no hayan llegado a ver nada de su autoría, pero lo citamos porque su identidad lo pasaba por encima, porque mostraba una huella autoral indeformable. Se resistía a ceder sus derechos a perpetuidad: negociaba la cantidad de años que licenciaba determinada obra a la producción para que se explotara económicamente y luego la obra volvía a él para venderla a quien quisiera. Migré tenía una raigambre popular y un sentido de la identidad cultural que hicieron que trascendiera las épocas y se convirtiera en una marca argentina indeleble.
