Amit Sood, creador de Google Art Project: “Internet es malo para el arte”

0

Cuando Amit Sood vivía en Bombay, no se levantaba un domingo por la mañana e iba a pasar el día en un museo. Ahora, esté donde esté, se despierta, se conecta a su ordenador y puede acceder a 260 de ellos en pijama gracias a Google Art Project , la web que él impulsó hace tres años para contemplar imágenes en alta resolución de obras de arte. Aunque con un potente aparato pueda penetrar en miles de obras maestras, este líder cultural que viene de la economía prefiere plantarse delante de la copia original.

Por Jesús Ruiz Mantilla

No lo cambia, al tiempo que va convenciendo a responsables de museos de todo el mundo de que participen en una aventura que crece a pasos de gigante y que va extendiendo sus conquistas a otros ámbitos, como los archivos y la arqueología. Su obsesión: el acceso global desde cualquier parte del mundo a las copias originales y no a otras en las que se distorsionan las cualidades de lo realmente valioso. Predicando, lo encontramos en el Museo del Romanticismo madrileño, entre retratos y objetos de otras épocas que él sabe apreciar como nadie.

P. Así que no había muchos museos en Bombay…
R. De niño podría contar como mucho dos con los dedos de la mano.

P. ¿E iba?
R. No, la verdad es que no.

P. ¿Cuándo fue la primera vez que pisó uno?
R. Tenía unos 19 años, era una galería. Pero iba por el café, para ser honestos.

P. Ningún problema, hablemos con sinceridad.
R. Era un lugar de reunión para artistas arriesgados e interesantes. Vivos, la mayoría. También iba al Prince of Wales, un museo ya más serio.

P. ¿Y un cuadro? ¿Cuándo lo vio por primera vez?
R. No recuerdo bien. En las casas no solía haber y se consideraba algo poco accesible. En Bombay disfrutas del tiempo libre yendo a ver películas de Bollywood o escuchando música. El arte ni se considera casi.

P. Digamos que para un chico que estudia en Bombay, el arte no es algo natural, y, sin embargo, aquí estamos, con el impulsor de uno de los inventos que va a revolucionar el mundo. ¿Existe un instinto, una atracción animal para este universo?
R. Sí. Y creo que lo tiene cualquiera. La cuestión es cómo lo activas. En India no es que no exista, gozamos de una enorme tradición de obras en etapas imperiales o arte en miniatura, pero el problema es que a las generaciones más jóvenes no les interesa. El reto consiste en hacerlo atractivo.

P. Para mí, usted es un misterio.
R. Me ocurre lo mismo.

P. ¿Qué le atraía de ese mundo? ¿La estética? ¿La belleza? ¿Cómo alguien en apariencia ajeno monta este tinglado?
R. No lo he concebido por el interés que me pueda producir la estética. Entro en este mundo fascinado ante la capacidad de concentración, de reunión, de encuentro que nos ofrecen los museos. Me fascina el mismo concepto de ese tipo de institución: edificios maravillosos, entrada libre en muchos lugares, te sientas, te das un paseo, no se me ocurre mejor manera de pasar el tiempo.Entras y después te fijas en el contenido, en los objetos. Es entonces cuando te das cuenta: ¡Dios mío! ¡Yo fijándome en el café y aquí dentro…!

P. Puede atiborrarse de cosas aún más deliciosas.
R. Eso… Soy honesto. Carezco de formación artística, estudié Económicas, no soy un entendido.

P. ¿Ni un fanático?
R. Ahora sí, trato de disfrutarlo cada día.

P. Cuando salió de Bombay, ¿qué le atrajo de los museos?
R. Estudié en Francia, pero mi primera gran experiencia fue en Nueva York; tendría 20 años. Fue en el MoMa y en el Metropolitan. Me impactó la naturalidad. La gente accedía informalmente, sin traje, en pantalón corto.

P. ¿Qué sentía?
R. Al principio estaba intimidado, creí que no era un lugar para mí, demasiado exclusivo, un tanto esnob…

P. Pero en cuanto empezó a ver gente en bermudas, se relajó.
R. Completamente… Aunque la primera vez intimida.

P. Porque creen que no van a entender lo que verán.
R. Por eso y porque no me sentía parte del público al que están destinados, eso para mí era lo más grave.

P. ¿Cuándo quedó convencido de que un museo es un espacio para todo el mundo?
R. Me costó tiempo… De Estados Unidos me trasladé a Suecia. Es un país en el que quedas constantemente expuesto a los valores estéticos. Luego llegué a Bélgica y sentí lo mismo a medida que me iba animando, se me empezó a ocurrir que sería fantástico poder vivir en un lugar lleno de museos en el que no tuvieras que moverte tanto. Pero no pensaba entonces en la tecnología como una herramienta para conseguir ese deseo hasta que entré en Google .

Fuente: El País
Leave A Reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conocé cómo se procesan los datos de tu comentario.