Crowdfunding: ¿Gigante con pies de barro? algunas consideraciones tributarias para la financiación colectiva de proyectos

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En los últimos años hemos visto como el panorama cultural, político, económico y social se ha sumergido en la búsqueda de nuevas fórmulas para reinventarse. A los diagnósticos sobre la crisis se unen las razones combativas; las más variadas ideas apocalípticas; las predicciones sobre el futuro; y la insistencia en la creación de nuevos y cada vez más repetidos paradigmas. En el ámbito de la economía, sin duda uno de los sectores más desprestigiados actualmente, una serie de prácticas se han multiplicado por todo el globo dando testimonio de una tendencia emergente.
Por Angel Mestres & Xema Gil
Lo llaman Indie capitalismy reproduce un modelo que ha llevado a los más diversos actores a emprender iniciativas que miran a la creación de nuevos valores más que al sostenimiento de los antiguos activos. Los proyectos ligados a esta práctica miran hacia lo local, se preocupan por los aspectos de la comunidad, evitan lo transaccional, y dan prioridad a la proximidad y los modelos de negocio sostenibles. Dentro de este marasmo de nuevas tendencias encontramos una palabra que hasta hace muy poco no formaba parte de nuestro vocabulario habitual y que, hoy en día, en gran medida gracias a sus buenos resultados, parece inserta en la búsqueda de esta nueva economía: nos referimos al crowdfundig; la financiación colectiva.

Básicamente se trata de ofrecer a los emprendedores un escaparate para presentar sus proyectos, y un sistema de pagos sencillo y seguro para que cualquiera pueda participar en su financiación a cambio de algún tipo de recompensa, más emocional que monetaria. La idea es la de una economía dinámica en la que cualquiera puede convertirse en inversor dentro de una pequeña empresa o proyecto. Es decir, la financiación colectiva como herramienta para generar una auténtica posibilidad de autogestión.

A simple vista el modelo parece propicio para comenzar iniciativas de negocio en un contexto tan minado como el actual. El ejemplo de referencia, Kickstarter, surgió en 2008 desde Estados Unidos, en España ha tenido ya importantes emuladores como lanzanos.com verkami.com , o goteo.org , este último vinculado a las iniciativas de corte cultural. De igual forma, el fenómeno ya encuentra prácticas significativas en América Latina, como el ya mencionado panaldeideas.com  o idea.me , probablemente las dos plataformas líderes en crowdfunding de la zona. Lo cierto es que a mucha gente, tanto en España como en América Latina, todavía le resulta extraño que ell crowdfunding sirva como vía para financiar un proyecto, sea cual sea su corte o sector, pero los hechos demuestran que la suma de estos “micro-créditos”, es capaz de poner en marcha proyectos innovadores y de gran repercusión en sus ámbitos de acción y mercados.

Muchos creadores, artistas, organizaciones sociales y culturales, e incluso pequeños emprendedores independientes de diferentes partes del mundo, han visto en el crowdfunding una vía, sino de salvación, si de posible impulso para solventar dificultades a la hora de financiar sus proyectos. Es precisamente esta aceptación del modelo como posible luz al final del túnel la que ha contribuido a su popularización y ha alimentado muchas ilusiones en materia de creación de nuevos emprendimientos. Sin embargo, el sistema de crowdfunding está viviendo un crecimiento tan exponencial, que ya comienzan a aparecer algunas dificultades en su práctica, sobre todo dependiendo de las interpretaciones que se den a la forma de aplicación de su correspondiente fiscalidad. Un informe presentado este mes de septiembre por la prestigiosa firma AddVANTE , plantea las primeras interrogantes al crowdfunding vinculadas a este aspecto. Además de poner sobre la mesa una serie de dificultades en su aplicación cotidiana (quizá no masificadas debido a la corta historia del sistema) que, sin animo de ser pesimistas, bien valdría repasar.

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