Cultura popular y comunas, por Rodolfo Hamawi

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Días pasados la agencia Paco Urondo y el sitio web La Fábrica Porteña difundieron sendos informes sobre cómo languidecen las políticas culturales del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Allí, se detalla el estancamiento en los centros culturales barriales de la Ciudad, donde entre 2007 y 2012 la cantidad de actividades de enseñanza se redujo un 22,5% y la de asistentes creció apenas un 3,5%, según cifras del propio gobierno porteño. El único rubro que rompe la chatura de las demás variables y se multiplica más de diez veces, es el rubro “megaevento”, que pasa de 34.094 a 418.673 personas.

Por Rodolfo Hamawi

Siempre según los datos de la Dirección de Estadísticas y Censos del gobierno macrista, la cantidad de asistentes a los museos de la ciudad disminuyó de 711.017 en 2002 a 507.718 asistentes en 2012. En este caso, ni siquiera el hiperpromocionado megaevento de La noche de los museos (iniciado en la segunda gestión de Aníbal Ibarra, producto del convenio de hermanamiento de Berlín y Buenos Aires) parece haber surtido efecto positivo sobre los índices de afluencia de público a los centros de preservación patrimonial.

No son estos los únicos resultados magros de la gestión cultural macrista. El derrumbe del número de espectadores y de producciones de los teatros administrados por el municipio en la última década puede ser otro ejemplo. Estos números ponen de manifiesto una realidad. Hay una matriz de decisiones del gobierno del PRO que articula políticamente estas cifras de los museos y los centros culturales con el abandono de las bibliotecas barriales y con el desinterés por los clubes y las organizaciones comunitarias. Esa horma ideológica trasciende la gestión cultural y se articula también con la falta de insumos que puede constatarse en los centros de salud y con las carencias de infraestructura en los edificios de las escuelas y jardines públicos.

Nuestra ciudad, la más rica en recursos, con la mayor concentración de bienes y producción cultural del país, deja librado al mercado lo que se produce y cómo se lo distribuye.

El macrismo pergeña las políticas públicas como una administración de lo fragmentado. Y profundiza esta concepción enfocando los intereses individuales de los “vecinos”. Hay un énfasis evidente en lo particular, en lo micro, en facilitar trámites y evitar el malhumor de los porteños por hacer cola. Y no estaría mal eso en sí mismo, si no fuera que trasluce una gestión que piensa en el usuario más que en el ciudadano. Lógica de gerentes, antes que de servidores públicos.
 
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Fuente: Infonews
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