Autogestión en Atocha: “No tenemos ni queremos ayudas institucionales. Aquí mandamos nosotros y los artistas que colaboren. Nadie más”
0Hace casi medio año desde que dos artistas gallegos, Néstor Prieto (Ourense, 1982) y Francisco Brives, (A Coruña, 1970) decidieron montar un centro artístico alternativo y diferente. No querían subvenciones ni ayudas institucionales. La autogestión y la independencia eran esenciales. El lugar tenía que servir de centro de exposición y residencia de artistas, en la estela de la Rijksakademie de Ámsterdam.
Las empresas privadas serían las encargadas de contribuir al sostenimiento del proyecto. Ambos, residentes en Madrid desde hace tiempo y con experiencia en el centro Cabeza en Lavapiés, conocían un lugar idóneo: una antigua nave de la estación de Atocha, dedicada en su momento a la formación ferroviaria de los trabajadores, propiedad de Adif. Son 1.600 metros cuadrados divididos en dos plantas, bastante baqueteados por el paso del tiempo, pero con unas posibilidades espectaculares para exponer arte contemporáneo que tiene escasa presencia en otros espacios: robótica, videoarte, performance, parkoury, sobre todo, Street Art, ese arte urbano que manifestado en las calles puede ser motivo de detención, pero que cuando traspasa las puertas de un museo, adquiere la categoría de obra de arte. El centro, llamado La Neomudéjar, funcionaba hace meses a medio gas. Ahora hace su estreno oficial con el Festival Internacional Video Art House Madrid (IVAHM’13), un encuentro audiovisual entre el norte y el sur de Europa a través del lenguaje audiovisual que se prolongará durante el fin de semana con proyecciones y debates. Finlandia y Suecia son los países invitados.
Néstor Prieto y Francisco Brives esperan que el festival sirva para poner La Neomudéjar en el circuito de los centros artísticos madrileños e insertarlo dentro del recorrido del eje artístico en torno a Recoletos, dada su proximidad a La Casa Encendida, el Reina Sofía, Caixaforum, el Prado, Museo Thyssen o la Fundación Mapfre.
Accesible desde la avenida de Barcelona, las naves de La Neomudéjar son visibles desde los trenes que arrancan desde la estación del AVE. Hasta no hace tanto, su fachada neomudéjar se dejaba ver rodeada de escombros, semioculta por zarzales y cubierta de pintadas de espontáneos. El acceso principal es de la antigua estación. “Cuando vimos este lugar”, cuenta Néstor Prieto, vimos todas sus posibilidades. Planteamos el proyecto a los propietarios Adif y fueron totalmente receptivos. Nos lo alquilaron durante ocho años por un precio simbólico gracias a su programa de responsabilidad social y sostenibilidad. Solo nos pusieron una condición: que acometiéramos todas las medidas de seguridad necesarias para el uso y tránsito de gente que decidiera el arquitecto. En ello estamos. Son trabajos que no suponen transformaciones estéticas y que podemos acometer nosotros mismos. Adif nos ofreció retirar las 14 toneladas de chatarra pesada que había esparcida por el interior. No quisimos porque entre todo eso había auténticas joyas reciclables: señales, semáforos, bancas….
Néstor Prieto explica todo esto remangado mientras utiliza con gran destreza herramientas con las que va ajustando algunas puertas.
“Queríamos crear el centro a partir de la decadencia del edificio, teniendo a la vista su ruina. Para nosotros es una metáfora del momento social que vivimos. Estamos convencidos de que a partir de este desastre, nos podremos levantar”. Pero de otra manera. En el caso de estos dos artistas gallegos, la autogestión es una regla de oro. “No tenemos ni queremos ayudas institucionales. Aquí mandamos nosotros y los artistas que colaboren. Nadie más”. La ayuda les viene de las empresas privadas, pero también a su manera. “Vemos lo que necesitamos: mobiliario, monitores o materiales y nos dirigimos a las empresas que sabemos que tienen. Por el momento, están respondiendo muy bien”.
