Valeria Rivilla es ecuatoriana y fotoperiodista. Durante seis años trabajó con población afrodescendiente de la Provincia de Esmeraldas, al Norte del Ecuador, específicamente con población Rural del Cantón Rioverde. Durante ese tiempo se fue adentrando en la comunidad de la parroquia de Rocafuerte y Palestina, donde se celebra una de las fiestas más mágicas del Ecuador, que pocos conocen y que se encuentra en riesgo de desaparecer. El fotoreportaje sobre la fiesta de los pescadores, señala Valeria, “tiene el objetivo de salvaguardar este patrimonio cultural inmaterial y dar a conocer como nuestra identidad se ve reflejada en la africanidad de nuestros antepasados”.
La primera vez que oí hablar de la fiesta fue en San Lorenzo. Una mujer conchera, migrante colombiana en el Manglar Cayapas–Mataje, me habló de una celebración en el mar. Bajo la lluvia recordaba a su abuelo, imitando las voces que, según él, decía cada instrumento en la fiesta.
“Sabía decir mi abuelo, dizque que decía el Bombo –Me tiro al barriaaal, Me tiro al barriaaal, Me tiro al barriaaal; y el Cununo decía, como lo tocan así (hace movimientos rápidos fingiendo tocar el instrumento) –Cambiemos culito, cambiemos culito, cambiemos culito, cambiemos culito, cambiemos culito; y la maraca decía –quichuchaquiri – quichuchaquiri – quichuchaquiri – quichuchaquiri; (con un grito y moviendo las caderas fingía ser la marimba) –lambamen, lambamen, lambamen”
Eso y su manera de hablar y de relatarme la fiesta de sus ancestros, me transportó a lugares llenos de misticismo, donde la híbrida mezcla de las religiones, las razas (en su mayoría negra), las creencias, cientos de rituales y la gente como representante de la identidad africana (que todos/as tenemos), dio como resultado este trabajo fotoperiodístico de 3 años de investigación, que es un tributo a su gente y a la naturaleza infinita que hacen que sea un paraíso.
La fiesta se celebra el 16 de julio, un día antes hombres y mujeres se reparten tareas para el acontecimiento. Los pescadores se encargan de unir las tres lanchas para hacer el altar de la virgen donde va a ser llevada al mar.
La mujeres se encargan de adornar el altar, utilizan globos, telas y flores con el fin de que la Virgen haga su partida a alta mar en medio de arrullos, al ritmo de los bombos y cununos.
Muchos/as, ese día del año, se transforman en personajes ancestrales y otros parecen poseídos por el sonido de los instrumentos, se pone a prueba la habilidad de sus manos, la intensa energía de sus voces y cuerpos bailando. Este es un ritual al más puro estilo de las tribus negras africanas que veneran a una virgen mestiza.
Se dice que la fiesta fue traida desde Colombia, sin embargo cada pueblo la ha transformado de acuerdo a sus tradiciones, creencia y ritos.
La ceremonia empieza según las condiciones del mar, los pescadores hacen uso de su conocimiento de la naturaleza y deciden a que hora se debe partir a la procesión. Siempre es en la tarde, cuando sube la marea.
El altar de la virgen parte del puerto con unas cincuenta personas en su interior y por detrás cada pescador en su lancha la acompaña en una procesión.
Durante una hora y media las lanchas navegan en contra de la marea. En medio de canticos y los sonidos de los instrumentos de percusión la gente baila y bebe en agradecimiento por la favores recibidos.
La Virgen del Carmen, es considerada la patrona de los pescadores, ella es la encargada de cuidarlos de las tormentas, de los robos en altamar, así como de proveer la pesca diaria.
La fiesta tiene varios personajes; el prioste, los músicos que tocan el bombo, las maracas, el cununo, etc. y también están las arrulladoras; negras con voces potentes, que alaban con canticos repetitivos, coplas que cuentan historias de la vida diaria en el pueblo con una mezcla del misticismo de la gente.
Los arrullos – que hasta a veces pareciera que está siendo cantado en lenguas -, rescatan las tradiciones orales de un pueblo, la memoria colectiva y la celebración pone en escena el culto y respeto que tienen por los dioses de la naturaleza que los acompaña todos los días: el sol, el mar y el viento.
Las manos son un símbolo de alabanza, durante toda la procesión no dejan de aplaudir y de tocar sus instrumentos que acompañan los arrullos.
Al partir se escucha repetitivamente “Ay, empujen la barca, y denle pa fuera, Carmela navega en el mar afuera, Bomberos quieren guayra, en el mar afuera Con ese arrullo que empujen, en el mar afuera Ay mi garganta no es de palo, en el mar afuera Ni chuca de carpintero, en el mar afuera ¿Quieren que yo les cante?, en el mar afuera denme un trago primero, en el mar afuera Carmela navega, en el mar afuera En los sueños de este Belén, en el mar afuera Digan lo que digo yo, en el mar afuera Que si no tenían bebida, en el mar afuera Para que me convido, en el mar afuera Carmela navega…”
Este patrimonio está en riesgo de perderse, pocos jóvenes saben arrullos o quieren seguir con la tradición. La mayoría se entusiasman por tocar los instrumentos, pero hay poca interés en la construcción de coplas y canticos.
La celebración también es un espacio inclusivo, un grupo transgénero es parte importante de la fiesta, junto a las arrulladoras son las que cantan sin parar.
Es necesario que haya una información amplia de dicho ritual, puesto que es parte de nuestra identidad, denota la historia migratoria de los negros al continente Americano y las riquezas culturales que se hibridaron con las tradiciones cristianas mestizas.
Los usos sociales, rituales, costumbres festivas, tradiciones y expresiones orales, constituyen un patrimonio inmaterial digno de rescate, replica y difusión. Este patrimonio corre el riesgo de perderse por el poco interés y difusión del mismo, los que la mantienen viva son los ancianos y ancianas.
El escenario es perfecto, hay pocas nubes en el cielo y la procesión va directo al sol, a ver su la esplendorosa caída, es sin duda alguna, el ritual mas poético, donde todo se complementa en una sola la alegría: la gente, la música, las energías de la naturaleza (Orishas), y “los milagritos de la virgen”.
Durante el año, muchas familias ahorran para pintar o adornar sus lanchas justamente para la procesión. Son vistosas con colores encendidos y sus nombres son en honor a algún familiar, equipo de futbol, o responde a su creencia cristiana.
El ritual también nos cuenta como es la vida en aquel pueblo, muchos jóvenes y niños están destinados a replicar patrones de sus padres, ejerciendo desde muy temprano el trabajo de pescadores.
Al caer el sol la caravana de lanchas regresa despues de navegar unas tres horas, la Virgen del Carmen hace su entrada al pueblo.
En medio de canticos, tragos y bailes, un pueblo entero está a la espera de su santa para continuar su festejo en tierra firme.
La Virgen es trasladada a la plaza del pueblo para homenajearla con una misa.
El ritual ha terminado. La fiesta es un recuerdo de identidad negra, buscan un consuelo en sus creencias y denota las vivencias de un lugar. Pero por sobretodas las cosas es una celebración de la vida.
Por la noche, la gente se pone sus mejores trajes (pintas) y la fiesta es otra, ahora empieza la celebración moderna con música a todo volumen, jabas de cerveza y en la plaza un baile público.
Valeria Rivilla Vargas es Comunicadora Social por la Universidad Central del Ecuador y Fotógrafa por el Centro de la Imagen de la Alianza Francesa. Especializada en temas de Comunicación y Desarrollo Audiovisual con enfoque de género, interculturalidad y derechos humanos, y trabajó para organismos internacionales como oficial de Comunicación y Consultora (FAO – UNFPA – ACNUR – CEPAM -AECID) Labor con grupos prioritarios como: pueblos y comunidades indígenas y afrodescendientes, adultos mayores, niños, adolescentes y jóvenes en situación de riesgo.
Fue colaboradora de varios libros y documentos de metodologías, utilizando la Comunicación Popular, el Arte y lo lúdico como herramientas principales para la elaboración de proyectos, así como también para la aplicación de la educomunicación y capacitaciones con varios grupos.
Es autora del libro fotográfico “Construyendo la Interculturalidad” y participante en varios proyectos de fotografía documental e independiente.
Dirige del colectivo “Punto de Quiebre” para la realización de proyectos de educación audiovisual y entretenimiento cultural. Web de Valeria Rivilla
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