Jef Aerosol: considerar que el street art es pro o anti-sistema es una falsa dicotomía

0

Arte callejero sin rebeldía

En el frío sur del Sur. A una altura que da vértigo, Jef Aerosol, pionero del “street art”, deja su huella. Con anteojos negros, la cara y el cuerpo cubiertos de pintura, el artista francés baja de la grúa, se acerca y dispara en inglés: “Si me pasa algo, avisen a mi familia, pero no manden flores”. Vuelve a trabajar.

Por Marina Oybin

Estamos en Ushuaia. Jef termina de pintar contrarreloj la fachada de un edificio que nunca llegó a tener función (en el cruce de las calles 25 de Mayo y San Martín, pleno centro de la ciudad). Se decía que iba a ser un hotel; hoy, aún deshabitado, todos en Ushuaia lo llaman “la pajarera”.

Jef es el alma máter de la primera generación de artistas callejeros de los años 80. Sus creaciones ocupan muros de París, Londres, Lisboa, Madrid, Barcelona, Venecia, Roma, Amsterdam, Chicago, San Francisco, Los Angeles, Nueva York, Bruselas, Zurich, Beijing, Tokio, Palermo, Dublín, Atenas, la Muralla China. Y sigue. Su obra figura en colecciones privadas y galerías de todo el mundo. Además, toca música tradicional irlandesa, folk, blues y música psicodélica de su autoría.

Invitado a la Argentina por la Fundación Inti Main de Ushuaia, la Embajada de Francia, la Alianza Francesa, el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y la Subsecretaría de Cultura de la Municipalidad de Ushuaia, es la primera vez que Jef viaja a Latinoamérica. Ya dejó su huella en el pasillo del Centro Cultural Recoleta (puede verse hasta el 31 de marzo), y en un muro de la calle Suárez al 1900, en La Boca. Y desde que hizo pie aquí, en Ushuaia, ya desató stencils de onas, y luego, en “la pajarera”, aerosol en mano, dejó la imagen de Mercedes Sosa, Cortázar, Borges, Atahualpa Yupanqui, Alejandra Pizarnik, chicos acurrucados, acaso desconsolados, que son un símbolo en su obra, y gauchos, y violinistas saltando en el aire, y bailarines de tango. Y sigue trabajando contrarreloj. Tiene que terminar stencils sobre varias ventanas, luego lo espera un vuelo sorpresa por la city, y vuelta a Lille tras la inauguración de la “galería a cielo abierto” con bandas que le dieron calor a la noche helada.

Una de las asistentes que lo acompaña tiembla. Jef baja de la grúa, se acerca y me dice que ahora es un buen momento, podemos aprovechar su almuerzo tardío para hacer la entrevista en un bar cercano.

¿Cómo empezó con el street art?
-En 1981, vi a The Clash en un concierto en París. Mientras tocaban, un artista del grafiti de Nueva York pintaba sobre una enorme tela. Fue la primera vez que vi a un artista usando aerosol y stencil, y pensé: “Esto es lo que quiero hacer”. Un año después hice mi primer stencil.

-¿Qué relación encuentra entre las artes visuales y la música?
-En los 60 y los 70, la música y el arte eran una manera de escapar de la escuela y del mundo de los adultos. Una expresión de libertad. Para mí la música y el arte no se pueden enseñar o aprender. No podía imaginarme yendo a la escuela para aprender arte o música. Mi conocimiento sobre historia del arte lo fui construyendo con libros, visitando museos y galerías, conversando. No me hubiera gustado tener un profesor que me dijera esto sí, esto no. Algunos dicen: “El artista quiso expresar esto o aquello” Pero, ¿quién sabe?

-Hay grafiteros que fueron a juicio; algunos, incluso, fueron condenados a prisión por sus expresiones artísticas. ¿Alguna vez fue perseguido?
-No. Si uno vive en en un país en el que no hay libertad, como fue el caso de Chile con Pinochet o la dictadura en Argentina, o en países comunistas como Cuba, entonces, claro, todas las expresiones de libertad pueden ser castigadas por el gobierno. En 31 años de street art nunca he tenido grandes problemas. Trato de respetar la ciudad, la propiedad y la gente, y no provocar a la policía. No pinto trenes ni equipamiento urbano que el gobierno construye con los impuestos. No veo el objetivo de pintar en esos lugares, excepto si se quiere usar el arte como un arma para expresar ideas políticas, pero es posible hacerlo de un modo más pacífico y poético.

Seguimos conversando. El artista cuenta qué fue lo que ocurrió con su mural de Spinetta en La Boca: “En cada lugar me gusta investigar la cultura local. Por ejemplo, cuando fui a Japón, pinté sobre geisha y sumo, y en Portugal hice una pintura de Amalia Rodrigues. Para mí, es muy importante crear puentes, conexiones con la cultura de la gente que me invita. No me gusta hacer la misma imagen en todos lados sin pensar en dónde estoy y en la historia del país. Desde la Embajada Francesa y el Ministerio de Cultura porteño me preguntaron si conocía a Spinetta. Me contaron que murió el año pasado y que aquí es muy querido por todos. Me dijeron que pintara un retrato de él. Dije que sí. Busqué la imagen en Google, y encontré la foto con los anteojos. Tanto la Embajada Francesa como el Ministerio de Cultura me consultaron acerca del copyright. Les dije que en el blog donde encontré la foto había unas diez fotos de Spinetta, pero no figuraba el autor. Me pidieron que hiciera un stencil con esa foto. Les pedí que buscaran el nombre del fotógrafo. No contestaron y pensé que todo estaba arreglado. Pinté la imagen de Spinetta a partir de esa foto y dos días después, ¡escándalo! ¡El robó la foto! Después, desde la Embajada Francesa llamaron al fotógrafo, lo invitaron y le pagaron por la foto.

Para el artista, considerar que el street art es pro o anti-sistema constituye una falsa dicotomía. “El street art es arte. De la misma manera que uno hace arte en la calle lo puede hacer en museos y en galerías. Es simplemente arte gratis. Algunos se confunden: piensan que si el street art es gratis para la gente, no deberían pagarle a los artistas y tampoco deberían pintar con permiso. Pero cuando uno va por la calle y ve en la pared algo que lo conmueve, no tiene por qué saber si al artista le pagaron o no, o si tuvo permiso o no. Si alguien necesita saber todos esos detalles es porque considera que la imagen es menos importante que quién hizo eso, por qué y cómo.”

-¿Qué lugar ocupa hoy el street art a nivel mundial?
-Es un fenómeno más importante que un movimiento. Hay gente pintando en las calles en todo el mundo. Algunos artistas usan el aerosol para luchar contra el sistema; otros no están interesados en la política, disfrutan mostrando su arte, no lo viven como un acto de rebeldía.

-¿Entre los artistas del street art debaten temas que les interesan?
-Absolutamente sí, con gente de todo el mundo. Somos como una gran familia.

Ya sobre el cierre de la entrevista, frente a un ventanal, a unos cinco metros del Canal de Beagle, todavía veo nieve en la cordillera. Sólo se escuchan cientos de gaviotas como alocadas y el viento que golpea el camino de tierra y desata pequeños remolinos. El musgo se mezcla con barro y con plumas de pájaros. Es extraño: un perro vagabundo se acerca hasta rozar el agua. Recuerdo las paredes laterales de “la pajarera”. Hay arlequines Picasso entre arabescos de colores, siluetas de desaparecidos con la inscripción “Justicia”. Músicos, personajes salidos de cómics o de cuentos. Quién sabe. Trompetistas. Más músicos. Más siluetas negras.

Fuente: Revista Ñ
Leave A Reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conocé cómo se procesan los datos de tu comentario.