Proyecto “Ponete un disco”, un homenaje a los vinilos a través de sus tapas
0Pablo Garber es fotógrafo y un enamorado de los vinilos, tanto por su propia experiencia de vida (de hecho, su padre trabajaba en una discográfica y él dedicó largas horas a ensobrar discos) como por “marca generacional”: frecuentó bateas en las disquerías, cambió discos en el parque Rivadavia, y sabe bien del efecto, el afecto, y la íntima relación que supieron generar muchas de etas obras (tapas y discos) en sus hipnotizados, ansiosos, emocionados y felices poseedores. Cómo el mismo define, “no conozco a nadie que se haya desprendido de todos sus vinilos.”
Por Federico Borobio
A partir de esta estrecha y duradera relación nace la idea de “Ponete un disco”, donde primero amigos y luego los propios realizadores de los discos se retratan con aquellas tapas y obras que, de un modo u otro, dejaron una huella en sus recuerdos. El proyecto tomó la forma de un libro, de reciente publicación, y fue posible a través del financiamiento colectivo. “Retrato de una época”, dice su autor. “Uno posible, parcial, arbitrario, como son los retratos; donde sobresalen algunos rasgos y quedan ocultos otros”.
– Mencionás, respecto del proceso de realización de las fotos, que muchas fueron “situaciones insospechadas, algunas divertidas, otras tan asombrosas que nunca hubiera sido posible planificar”.
Hay episodios que terminan siendo detalles relevantes en una foto, pero es difícil contarlos sin que se pierda la gracia. O el relato no tiene el mismo sabor, o se pierde la sorpresa del primer contacto con la imagen. Fue insospechada la aparición de palomas aterrizando al fondo de la escena con la tapa de “La Máquina de hacer pájaros”, o la de un gato mirando con interés un disco de Julio Iglesias abandonado al fondo del patio de una casa. Divertido fue hacer la foto de Oktubre, en cuyo caso después de mucho buscar lo conseguimos un día antes de las elecciones, o fotografiar “El lado oscuro de la luna” en el cuarto oscuro de un fotógrafo. También es asombrosa la manera en que la gente sintoniza con el trabajo: hace poco una amiga, una de las primeras compradoras del libro, me contó que cada noche lo miran con su hijo de cinco años y ella le cuenta alguna historia de su vida, relacionada con uno de los discos que aparecen en el libro, y al final escuchan uno de los temas, mientras él se duerme.
– En relación al proceso de producción ¿hiciste una planificación antes de comenzar, que dificultades te encontraste en el camino?
El desarrollo de la idea realmente no presentó grandes dificultades. Se trataba de un ensayo fotográfico como otros que hice anteriormente. Sin un objetivo final. Uno trabaja una idea hasta que esta va tomando cuerpo. Las dificultades para realizar cada toma, o para contactar a tal personaje, son parte misma del trabajo, lo cargan a uno de adrenalina y le hacen sacar lo mejor de su creatividad. En el caso de “Ponete un Disco” lo particular fue que apenas el proyecto tomó cuerpo, consiguió una sala para exhibirse en el Centro Cultural Recoleta y pedía a gritos convertirse en libro. Pero la edición de un libro de fotografías de buena calidad es muy costosa, por lo que te diría que la principal dificultad fue el financiamiento. De hecho en varias oportunidades a lo largo de mi carrera tuve en mis manos material para hacer una buena publicación, pero no conseguí que una editorial u otra empresa se animara a hacer la inversión. Los libros de fotografías no dan ganancias, dicen.
– ¿Cómo te decidiste por seguir el camino del crowdfunding para financiarlo? Y una vez con el proyecto en Idea.me, ¿cómo manejaste la campaña? ¿empezaste por los amigos, Facebook, que medios de difusión usaste?
Gracias a Internet pude encarar el tema de otra manera. Puse la propuesta en Idea.me, la plataforma on-line de financiamiento colectivo. Allí, el público que se interesa por el proyecto puede colaborar con una pequeña suma, y entre todos llegar al monto necesario. Así es que me jugué por esta alternativa y al cabo de seis semanas varios cientos de personas hicieron su aporte para que el libro se pudiera imprimir. No fue sin esfuerzo: en paralelo con Idea.me abrí una página en Facebook y desde allí empecé a difundir algunas imágenes y partes de las entrevistas. Apareció un público interesado preguntando qué es “Ponete un Disco”. Luego de explicarles que “aún no era pero que iba a ser” un libro que contenía el material que estaban viendo, y mucho más, tenía que convencerlos de que esto era real y que si el proyecto no salía y ellos habían puesto dinero, lo iban a recuperar. Eso no era fácil, pero supongo que la estructura de Idea.me (ahora mucho más popular) sumada a algunas notas periodísticas que me hicieron en aquel momento, le dieron mayor credibilidad al proyecto.
– ¿Que recomendación le darías a alguien que quiere financiarse mediante crowdfunding? ¿Cuál te parece que es su potencial y cuáles sus limitaciones?
Ante todo tiene que creer 100% en su trabajo, o mejor aún, tiene que quererlo. El amor que está poniendo en esa obra se transmite indefectiblemente a la hora de hacer la difusión, y es contagioso a la hora de pedirle a otros que colaboren. Entonces, esa energía vuelve y te hace más fuerte para encarar todas las vías de difusión a tu alcance, para hacerle saber a todos que estás a punto de concretar un proyecto soñado. Y así ellos empiezan a sentirse parte también al darte una mano. Eso se sintió muy fuerte cuando presenté el libro terminado, el mes pasado, en la Biblioteca Nacional. El auditorio estaba repleto: había gente de todas las edades que compartía una alegría muy especial. Estaban ahí porque el logro era también de ellos.
Ponete un disco, por su autor
Mi relación con los vinilos viene de la adolescencia. Mi viejo trabajaba en una discográfica, y en las vacaciones me mandaba a ensobrar discos al depósito.
Venían envueltos en un papel suave y finito, que se rompía de nada. En otra caja venían las tapas con olor a tinta fresca. Era un laburo automático y aburrido.
Mis compañeros, todos mayores, se distraían escuchando tangos y noticias en una radio a transistores. Yo, en cambio, alucinaba con las fotos o ilustraciones de algunas de las portadas.
Tal vez haya sido en ese galpón, sentado en una banqueta inestable, donde nació mi vocación por la fotografía. Y en el placer de mirar esas tapas descubrí cómo artistas que hasta entonces desconocía se hacían lugar en mi pequeña colección de Beatles, Carpenters y Bee Gees.
Así comencé a revolver las bateas en las disquerías, y a cambiar discos en el parque Rivadavia. Siempre mi curiosidad empezaba por la portada. Después, al colocar el disco en la bandeja, me llevaba la tapa a la cara y estudiaba las letras o miraba las imágenes que junto con la música me ayudaban a inventar el mundo.
No conozco a nadie que se haya desprendido de todos sus vinilos. Debajo de la cama, en algún mueble de la cocina, o en la casa materna, está esa colección esperando volver a sonar.
Se me ocurrió entonces hacer un homenaje a los discos, a través de sus tapas. Pedí a mis conocidos que eligieran uno, aquel con el que pasaron más horas o momentos más intensos, y que posaran con él ante mi cámara. La consigna era ocultar el rostro, de manera que la portada fuera el personaje principal. La escena debía desarrollarse en algún lugar que identificara la actualidad del retratado, trayendo así al presente las vivencias y emociones que ese disco representaba.
La serie fotográfica comenzó a crecer rápidamente, y pronto se acercaron personas a las que yo no conocía, que se habían enterado del proyecto y querían que aquel vinilo que los tuvo hipnotizados en su juventud también formara parte de este catálogo caprichoso. De a poco me fui acercando a los propios realizadores de esos discos, quienes, además de sumar sus preferidos al proyecto, me contaron algunas vivencias de aquellos tiempos.
Al cabo de un par de años, tenía entre mis manos el retrato de una época. Uno posible, parcial, arbitrario, como son los retratos; donde sobresalen algunos rasgos y quedan ocultos otros. Es un grupo acotado de personas cautivadas por ciertos vinilos que las acompañaron en una etapa fundamental de sus vidas. No se trata de un estudio objetivo, ni es el resultado de una encuesta. Cada persona eligió su disco y su entorno; el azar se encargó de ordenarlos. Fueron situaciones insospechadas, algunas divertidas, otras tan asombrosas que nunca hubiera sido posible planificar. Así se armó este recorrido a través de algunas décadas, con estilos, modas e intimidades aún presentes, que gracias a la colaboración de cientos de entusiastas, pude materializar en este libro.
“Ponete un Disco” actualmente está a la venta en algunas librerías y disquerías de Buenos Aires. Pueden encontrar el listado en la página de Facebook de Ponete un Disco, o escribiendo a poneteundisco2012@gmail.com
